Mi hij@ adolescente…

“parece que me l@ hubieran cambiado de la noche a la mañana y, desde luego, no l@ entiendo” “A veces se vuelve irascible, otras veces es impenetrable y te mira como si oyera llover…”

Hasta ayer tu hij@ estaba acostumbrad@ a que los adultos (tú, tu pareja, los profes) le dijeran lo que estaba bien y lo que estaba mal. Luego decidía si os hacía caso o no…

Tenía un comportamiento de niñ@. Cuestionaba si obedecía, pero no cuestionaba si eran ciertas o no, lo que el mundo adulto le trasmitía como verdades.

¿Qué pasa en el momento en que son ell@s los que necesitan decidir qué es lo que está bien y qué es lo que está mal?

Pasa que toooodos esos sistemas de creencias, conductas y emociones que tenían almacenados en su cerebro, dejan de tener sentido. Ya no valen y, por consiguiente, los eliminan.

Un día cierran la puerta de su cuarto, dejan de consultarte, se vuelven distantes y se enfadan con facilidad. Es su manera de poner distancia, de decirte “ya no soy un niño (o una niña), déjame que tome mis propias decisiones”.

Entonces tú te apenas, extrañas tenerl@ acurrucad@ a tu lado y te cuesta aceptar que ha crecido. Pero como eres adult@, aceptas que es parte de la vida y comienzas a tratarle como si fuera un/una adult@.

¡¡¡y, para tu sorpresa, las cosas no funcionan!!!

Resulta que tu hij@ ha eliminado todas las conexiones neuronales que ya no le resultan adaptativas, pero su cerebro no ha encontrado, aún, nuevas conexiones que le permitan dar las respuestas que necesita.

No obstante, está madurando a pasos de gigante:

  • Está madurando su forma de razonar (y puede darte respuestas que te resulten absurdas).
  • Está madurando su forma de gestionar las emociones (y por eso sus cambios de humor te sorprenden).
  • Está madurando su forma de comportarse (y pueden desorientarte sus actitudes).

Entonces te preguntas: «¿Cómo está madurando mi hij@?» La respuesta es sencilla. Igual que cualquiera: probando.

Maduran probando con ensayo y error. Y si un comportamiento ensayado funciona (porque es avalado por sus pares o por su entorno adulto), entonces lo integran, lo in-corporan (lo meten en su cuerpo) y construyen un nuevo circuito neuronal.

Pero déjame que te advierta: este proceso puede durar de 15 a 20 años…

¿y mientras tanto yo que hago?

Seguramente has probado las siguientes estrategias:

  • Respirar y contar hasta cien, antes de responder.
  • Pegarle un grito y decirle que está inaguantable.
  • Intentar ponerte en su lugar y pensar: “yo cómo lo haría”.
  • Intentar imponerte y comenzar una guerra a ver “quién manda en esta casa”.
  • Pegar un portazo e irte, encerrarte en tu cuarto, etc.
  • Mirarl@ con dulzura y pensar: “ya crecerás”.

Y, seguramente, has comprobado que tus estrategias algunas veces funcionan y muchas no.

¿entonces qué puedo hacer?

Te daré unos tips, muy generales, a tener en cuenta:

  1. Imponerte “porque tú eres el/la adult@” sólo retrasa su crecimiento y daña su autoestima.
  2. No obstante lo dicho en el punto 1, has de poner tus límites (incluso cuando sabes que se los va a saltar). Tod@s tenemos nuestras líneas rojas y si tú no respetas las tuyas, no le estás enseñando a respetarse a sí mism@.
  3. Aunque no puedes guiarle, si puedes guardarle las espaldas. Puedes alentarle a volar, y recordarle que tiene un hogar en dónde sentirse a salvo, en dónde sentirse amad@.
  4. CONFÍA. Tú también has necesitado acertar por ti mism@, equivocarte mil veces y aprender de tus errores. Has ganado, has perdido, has amado, has sufrido… A ell@s también les sucederá. Es ley de vida y es absolutamente necesario para convertirse en jóvenes y luego en adult@s sanos y responsables.
  5. Acepta la realidad. Su crecimiento ya no depende de ti.

¿y qué hago si las cosas no funcionan?

Todo lo dicho hasta ahora, entra dentro de los aprendizajes que a padres e hijos nos toca hacer en esta etapa de la vida familiar.

No obstante:

  • Si la relación está atascada,
  • si ves que tu hijo no encuentra un lugar cómodo dentro de la familia,
  • si ves que por más que lo intentas no puedes tender puentes en la relación con tu hij@,

Entonces no lo dudes, es momento de pasar a la acción. No dejes que la bola de nieve se haga más grande.

  1. El coaching puede ayudar a tu hijo a reordenar sus ideas, a controlar sus impulsos, a ganar seguridad en sí mismo, a darse cuenta de qué forma está contribuyendo a los resultados que consigue (o que no consigue) y a formular aquellas preguntas que den respuesta a sus necesidades de crecimiento.
  2. El coaching puede ayudarte a ti, a comunicarte con asertividad, a evitar batallas sin sentido, a centrarte en tus valores, a marcar tus límites y recuperar una relación que no está funcionando.

Pon fin a tu sufrimiento y construye el futuro que necesitas.

 

Contacta conmigo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *